¿Qué es el corcho natural proyectado?

Una revolución en materia de revestimientos constructivos

El corcho para proyectar (corcho proyectado) es un revestimiento natural, en capa fina y sin juntas, formulado a base de gránulos esterilizados (vaporizados) de corcho natural, resinas sin disolventes y tintes inorgánicos que le otorgan el color. Material ecológico y natural, constituye una revolución en el sector de la construcción gracias a sus múltiples características: impermeable, transpirable, elástico, aislamiento térmico y acústico. 

Su aplicación se lleva a cabo mediante pistola de pulverización industrial junto con un compresor de aire, de forma que puede ser aplicado en multitud de superficies (fachadas, suelos, tejados, terrazas, paredes…). El revestimiento de corcho queda pegado a la superficie y aporta una solución duradera tanto para humedades como protecciones termoacústicas e impermeabilización y encapsulamiento de amianto

Pocos materiales son tan extraordinarios como el corcho, producto natural que presenta todas sus propiedades a la vez, sin detrimento alguno.
Ligereza. El corcho posee casi un 90% de aire, consecuencia de ello es su baja densidad. Esto, unido a su capacidad impermeable le permite envejecer sin deteriorarse, de ahí que se encuentre corcho en el fondo del mar (ánforas, tapones…) tras 2.000 años y sigan conservando sus propiedades intactas. 
Impermeabilidad. Las células del corcho son impermeables a líquidos y gases, debido a la suberina. Propiedad que repercute positivamente en su capacidad aislante, pues a mayor humedad en un material mayor conductividad. 
Elasticidad. En virtud de la flexibilidad de sus membranas celulares, el tejido suberoso posee gran capacidad para soportar grandes presiones sin sufrir deformaciones permanentes. 
Amortiguación de vibraciones. La elasticidad y resistencia a la presión hacen del corcho un material idóneo para uso como pavimento y aislante en pisos sometidos a carga, entre otros. 

Durabilidad. El corcho se halla expuesto durante cientos de años a climatologías adversas, consiguiendo proteger al alcornoque sin sufrir daño. En el ámbito de la construcción es destacable como los materiales permanecen en perfectas condiciones y mantienen sus propiedades durante cientos de años.
Aislante térmico. Su coeficiente de conductividad térmica (λ) ronda entre 0,030 W/mk – 0,040 W/mk para una densidad de 120 kg/m3, situando a la corteza suberosa entre aquellas sustancias más adecuadas para el aislamiento térmico. 
Aislante acústico. Como aislante acústico da solución a tres niveles: aislamiento del sonido de aéreo; aislamiento de ruidos por impacto; absorción del sonido o corrección del tiempo de reverberación. Todo ello lo hace insuperable como aislamiento acústico. 
Resistencia ígnea. El corcho es un material de muy difícil combustión (imposible en determinados casos), dándose la situación de parajes incendiados donde habitan alcornoques que se encuentran en posesión de la corteza y han reiniciado su vida a pesar de la pérdida de zonas verdes y follaje. Además, al contrario de lo que ocurre con otros materiales, el corcho no desprende vapores tóxicos al quemarse. 
Estabilidad dimensional. Las células del corcho se comunican apropiadamente para que el aire pueda circular entre ellas. Esto hace que los cambios de humedad y temperatura no creen problemas de presión y por tanto, de fractura o inestabilidad. Se dice que “el corcho es estable porque puede respirar”. 
Elevado coeficiente de fricción. Al cortar una pieza de corcho se cortan las celdillas generando en su superficie cientos de microscópicas ventosas, formándose un vacío parcial cuando la superficie del corcho se presiona contra una superficie lisa. Este alto coeficiente de fricción que tiene el corcho lo hace imprescindible en aplicaciones donde se necesita un material característicamente no resbaladizo. 
Imputrescible; resistente a productos químicos, roedores e insectos.
Inodoro, higiénico, compacto y apenas incorruptible